Terapia de la menopausia: del consenso clásico a las nuevas evidencias

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Claudia Alejandra Avila
Mariela Savina
Lucía Bonetto
Estefanía Pustilnik

Resumen

En la actualidad, el número de mujeres que transitan al menos un tercio de su vida después de la menopausia se ha incrementado de manera exponencial, con los consecuentes cambios biológicos que impactan en el plano personal, ambiental y cultural. La menopausia natural suele presentarse entre los 45 y 55 años, mientras que la inducida se produce tras intervenciones quirúrgicas o tratamientos que afectan la función ovárica. Esta etapa se caracteriza por la disminución de los niveles de estrógenos, en particular del estradiol, y por el consecuente aumento de la hormona foliculoestimulante (FSH). El sistema STRAW permite clasificar las distintas fases de la transición menopáusica, desde la etapa reproductiva hasta la posmenopausia. La mayoría de las mujeres experimenta síntomas como sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del estado de ánimo, trastornos del sueño, disminución de la libido, dificultades cognitivas, aumento del riesgo cardiovascular y síntomas genitourinarios. La terapia hormonal continúa siendo el tratamiento más eficaz, especialmente en casos de síntomas moderados a graves, siempre que se respeten las contraindicaciones y se evalúe el riesgo cardiovascular mediante herramientas como la puntuación ASCVD. Esta terapia puede administrarse en dosis bajas de estrógenos, combinados con progestágenos en mujeres con útero, y en diferentes formulaciones: oral, transdérmica o tópica. Asimismo, existen alternativas no hormonales, tanto farmacológicas como complementarias. La elección del tratamiento debe basarse en una evaluación individualizada, considerando riesgos, beneficios y preferencias, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y reducir las complicaciones asociadas al riesgo cardiovascular y a la pérdida de masa ósea.

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